Comunicación con Papá

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Los tiempos han cambiado, hoy en día ya no encontramos tantas amas de casa exclusivas como antes, las mujeres también trabajamos fuera de casa, nos encargamos de los hijos y de la casa. ¿Qué hay de los hombres, de los padres? Si bien el machismo ha disminuído y encontramos hombres comprometidos con sus hijos, cariñosos, que se encargan de ellos, los casos aun no son tantos como deberían.

Muchos hombres aun mantienen el papel de proveedor que saluda a sus hijos por las noches, tal vez juega un ratito con ellos y luego se va a descansar. Es cierto que el cuidado y el vínculo de las madres es distinto que el de los padres, sin embargo, esto no significa que las madres debemos tener a cargo la mayoría de la crianza y el cuidado de los hijos. Los padres cumplen un rol muy importante en la vida de los niños, tienen una dinámica de juego distinta y les enseñan muchas cosas que las madres a veces no solemos enseñarles.

Por otro lado es importante que las mamás sintamos un apoyo en el área de la crianza, la cambiada de pañales, la bañada, la comida, la levantada, etc…deberían ser responsabilidades de ambos padres y no solo de uno, ya que forman parte importante del desarrollo y son las necesidades primarias de un bebé o niño. Si los papás se involucran en todas estas cosas probablemente el vínculo que desarrollen con sus hijos va a ser más fuerte y estrecho.

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Traten de buscar actividades que sean solo padre-hijo/a, como ir al parque, construir algo, hacer experimentos, montar bicicleta, etc. Es bueno que se preocupen por los métodos de crianza, que se pongan de acuerdo con las mamás en los estilos que van a utilizar, en las consecuencias, que el mensaje que mandamos sea el mismo. Es importante que pregunten, cómo le va en el colegio, que novedades hay, qué tal estuvo su día, etc. Así los padres también se forman el hábito de conversar, de comunicarse, de lo contrario vamos perdiendo comunicación y poco a poco puede deteriorarse el núcleo familiar. Así que ya saben papis, manos a la obra con sus hijos.

Por: Nadine Ferrand – Psicóloga Clínica

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