El apoyo de la nana

El apoyo de la nana

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Como ya saben, soy mamá a tiempo completo y seguramente quienes también lo son, comprenden que es un trabajo muy agotador, 100% gratificante, pero muy agotador… (Aunque creo que el termino mamá a tiempo completo está mal, porque todas las mamás lo somos, ya que un horario de trabajo no hace que dejes de ser madre por esas horas, la única diferencia es que unas trabajamos en casa y otras en oficina)

 Hay días en los que termino hecha, literalmente, un trapo, días en los que no puedo ni con mi alma al acostarme, o días en los que tengo que leer para la universidad y leo los mensajes que me escriben las ovejitas en el techo, out totalmente, así que si no fuera por Betty, no tendría vida, tal cual!

 Todo empezó cuando di a luz, acordamos con mi esposo en que no íbamos a tener nana porque estaba yo, todo el mundo me decía, ¿te volviste loca? No vas a poder y yo pensaba, si mi mamá pudo con 3, ¿porque yo no puedo con uno? Entonces después del primer mes de haber nacido Luciano, caímos en cuenta que, definitivamente necesitábamos una nana, y decidimos buscar una, lo cual no fue sencillo, pero la encontramos y ¿qué creen? después de 5 meses se fue y decidí que no volvería a buscar otra nana, terca como yo sola, ¿Por qué seré tan terca?  pensé que ya habían pasado los meses críticos y que las cosas serían más fáciles ¡que ilusa! jajaja…

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 Cuando me di cuenta que estaba soñando pensé y ahora ¿Qué hago? ¿Volver a pasar todo el proceso de búsqueda de nana de nuevo? En esa indecisión estaba cuando de pronto un día tuve que salir de emergencia y sólo estaba Betty, que es una maravillosa señora que me ayuda en casa desde que me casé, ella estuvo conmigo todo el embarazo, le hablaba a mi barriga, me cuidaba, me acompañaba, me escuchaba y se preocupaba por todo lo relacionado a mí y al bebé, fue ahí cuando dije ¡cómo no pensé en ella! y así fue que pasó de ser mi mano derecha en la casa, a serlo con mi mayor tesoro, ¡mi hijo!

 Ella lo cuida cuando tengo que salir, me ayuda a prepararle su comida, lo baña, le da de comer cuando no quiere comer con nadie,  se tira al suelo a jugar con él y Luciano se ríe deliciosamente, se miran con tanta ternura, y complicidad, definitivamente, ella es más que una nana.

El encontrar una buena nana en estos momentos es un poco difícil, empezamos a buscar afuera, muchas veces, sin darnos cuenta de lo que tenemos adentro.  No hay nada como tener a alguien de confianza, que nos conoce y a quien conocemos bastante bien, que puede convertirse en una nana, a veces pensamos pero ¿y quién me ayuda en casa? Créanme que es mucho más fácil encontrar a alguien que pueda hacer las tareas de casa, que alguien capaz de cuidar a nuestros hijos.

Y es que escoger una nana no es algo que podamos hacer por hacer, es muy importante escoger a alguien que sea capaz de enamorarlos hasta los huesos, de jugar con ellos con amor, no por obligación, de cuidarlo con ganas no a la fuerza, de ser su amiga, busquemos a una nana de corazón, no de cartera. Recuerden que no les estamos encargando una casa, les estamos encargando nuestro tesoro más grande que ni con todo el dinero del mundo podríamos comprar de nuevo si se rompe.

Y que no nos cueste establecer relaciones, ¡se necesita una relación muy estrecha! preguntemos como están, como se sienten, celebremos su cumpleaños, involucrémosla en la casa, en las cosas, en las decisiones que podamos, que se sienta parte de la familia, ¡porque la verdad es que lo es! Y verán que ese amor regresará hacia nuestros hijos. Hay cosas que el dinero no puede comprar, con los años aprendí que el cariño y agradecimiento que demostramos hacia las personas, vale mucho, mucho más que cualquier otra cosa y es eso, a la larga, lo único que marca la diferencia.

Por: Silvana Navas – Blog  Aymamá

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