¡Sin gritos es mejor!

¡Sin gritos es mejor!

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Tal vez nunca nos hemos puesto a pensar en esto, pero el tono de voz que usamos cuando hablamos con nuestros hijos y más específicamente cuando tratamos de calmar una pataleta y ya no sabemos que hacer, por lo general es alto, gritamos, elevamos la voz o tratamos de hablar con tono de autoridad porque pensamos que así quizás se asusten y por fin nos harán caso.

Pensemos, si para nosotros los gritos de nuestros hijos son desesperantes, seguro que también a ellos les alteran los nuestros. Si tenemos a un niño en plena pataleta, en un momento en el que no puede pensar bien, está llorando, ofuscado, si le gritamos, ¿no pensamos que se va a poner peor? Probablemente nos digan “no me grites”, “ahhhhhh!!”.

Nos ponemos en una dinámica de “quién grita más fuerte”. Entonces pensando lógicamente ¿qué les estamos enseñando? Yo puedo gritar, tú no. Yo soluciono los problemas con gritos ¿y tú?. La próxima vez que nos encontremos en una situación así, tratemos de hablar en un tono de voz tranquilo y calmado, por más que griten y pataleen, por más que nos provoque mandar el grito de nuestras vidas, no nos alteremos.

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Ellos poco a poco se irán calmando si escuchan que nosotras estamos tranquilas, no será tan rápido como creen pero funcionará, y a largo plazo será una valiosa lección de vida. Ellos nos imitan, nos copian, enseñémosles con el ejemplo. Hablar en un tono de voz tranquilo no significa hablar sin autoridad, una puede tener mucha autoridad hablando despacio y calmadamente.

Esto no significa que les vamos a decir “papito por favor papasito lindo tranquilízate”, no, no les tenemos que rogar nada, solo hablarles como lo que son, personas, niños.

Por: Nadine Ferrand – Psicóloga Clínica

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