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¿Asustada por los partos que ves en TV?

Siempre me había parecido extraña, por decir lo menos, la humillante forma de dar a luz que había visto en las películas: una mujer descontrolada, dando alaridos, echada en una cama con las piernas abiertas de par en par, siendo el centro de atracción de una sala llena de gente extraña, con un reflector apuntándole y no precisamente a la cara.

Cuando me casé comencé a buscar una ginecóloga, pues siempre he pensado que este es un asunto de mujeres. Una amiga me dio el dato que había estado esperando. Me comentó que su doctora era especial, que atendía en una clínica de primer nivel y se especializaba en partos verticales. Me explicó la filosofía de la doctora y para mí fue como ganarme la lotería. Tuve una cita de chequeo y regresé años después cuando quedé embarazada. Todo lo que yo había pensado que debía ser el parto era lo que esta doctora hacía: un acto íntimo (sólo están en la sala la madre, su acompañante, la doctora y la asistente), un acto respetuoso de la madre y el niño (no se realizan enemas o afeitados, ni episiotomías rutinarias, etc.), un acto puramente natural (donde la doctora solo está presente para ayudar si hubiera un problema, pero donde quien trae al mundo al niño es la mamá).

Recuperar el control de nuestro parto

Ella tenía su propia sala de partos en la clínica, al costado de la sala de operaciones en caso de emergencia. Su sala era de mediano tamaño, como dos cuartos de hospital, tenía un baño, un armario para implementos médicos, una camilla, un jacuzzi y dos colchonetas grandes. Había una estufa y una lamparita de escritorio, así ni el bebé ni la mamá se sentían encandilados por las luces o pasaban frío.

Una no usaba batas de hospital ni estaba desnuda, podías usar el top del bikini y un polo largo. Ella decía: “aquí no hay ninguna paciente porque no hay ninguna enferma, el dar a luz no es una enfermedad”. Podías llevar yogurt y agua para el tiempo de espera y moverte por la sala con toda libertad, acomodarte en la posición que desearas para aminorar el dolor de las contracciones o meterte en el jacuzzi a relajarte. Al no usar bata de hospital ni confinarte a una camilla conectada a un suero o un equipo de monitoreo, no te sientes vulnerable, con el peso de la barriga limitando tu respiración y presionándote. La idea era sentirte en control del parto. Tu parto.

Asistimos a clases para aprender técnicas de relajación y saber lo que sucede durante el parto. Conocimos la sala de partos y la sala de operaciones por adelantado para no sentirnos en un lugar extraño. Leí muchísimo para dejar la ignorancia sobre el embarazo, parto y desarrollo del niño. El conocimiento, como siempre, te da poder y tranquilidad.

Un parto diferente

Este parto se realiza sin anestesia, pues se necesita que la mamá esté de pie y en control de su cuerpo. La posición del parto es vertical, parada con las piernas separadas sobre las colchonetas, una posición que me parece naturalmente correcta para facilitar la expulsión del bebé. La doctora se sienta en una banquita pequeña a recibir al bebé utilizando la lamparita para alumbrarse. La pareja de parto esta detrás y sostiene a la madre que se apoya en sus brazos cada vez que siente la necesidad de pujar.

El bebé no es agredido al nacer, no se le aspira el moco metiéndole un aparato en la nariz y boca a menos que sea necesario, ni es recibido en una sala fría y con luz brillante, luego de haber pasado meses calientito en el útero de mamá. Tampoco es manipulado por manos extrañas pues de inmediato se entrega a la mamá para que lo abrace y le dé la bienvenida en este mundo. Luego de un tiempo prudencial, el papá, la mamá  o la pareja de parto corta el cordón umbilical. Esto no se hace de inmediato para darle tiempo al bebé de utilizar el medio de oxigenación que necesite: sus pulmones o el cordón umbilical que lo conecta a la placenta por la que recibe oxígeno. Al utilizar adecuadamente los pulmones y cambiar de sistema respiratorio, el cordón se bloquea naturalmente pues el bebé ya no lo necesita. Así funciona la naturaleza. No hay apuro en poner las pinzas al cordón pues se puede privar al bebé del tan necesario oxígeno.

Mi parto

Luego de unos minutos, mi bebé quedó en brazos de mi esposo, pues venía la expulsión de la placenta y otros cuidados que se dan a la madre. Posteriormente, viendo que la bebé y yo estábamos en buenas condiciones, me la pusieron sobre el pecho y ahí se quedó por casi dos horas, tranquilita, luego de lo cual recién se la llevaron para pesarla, limpiarla y ser revisada por un pediatra.

Este es un tipo de parto, el tipo de parto que yo escogí. El tipo de parto que yo quería. ¡Y fue hermoso! Mi primera hija nació en menos de 15 minutos de labor de parto propiamente dicha y luego de 2 horas de haber llegado a la clínica. La segunda, en mucho menos tiempo (pese a que venía con el cordón umbilical enredado alrededor del cuello).

El parto duele, sí, pero no es un dolor de muerte. Nuestro cuerpo está formado para soportar ese dolor (diferente es el caso de la inducción al parto con sustancias como la oxitocina, pues aquí no hay un medidor del dolor de cada mujer). También es diferente el caso de las mujeres que están desinformadas, demasiado ansiosas o que son maltratadas por los médicos, pues el estrés incrementa el dolor.

Creo que las mujeres debemos recuperar el control de nuestro parto, investigar, culturizarnos, perder el miedo y los traumas televisivos y devolverle al nacimiento de nuestros hijos su carácter íntimo, familiar y natural. Los doctores son necesarios y urgentes si se produce una emergencia, fuera de eso, la mamá está perfecta y naturalmente  capacitada para traer sus hijos al mundo.

Por: Madeleine Marion, abogada, escritora de cuentos infantiles y  mamá a tiempo completo !

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